sábado, 21 de febrero de 2009

Death Magnetic: EL REGRESO DE METALLICA


Hasta hace poco no habían muchas esperanzas al hablar de Metallica. El conjunto se encontraba en su decadencia máxima y ya no ocurría lo mismo desde su álbum negro, disco de 1991 y el que mayores ganancias monetarias les ha dejado. St. Anger, uno de los discos posteriores al antes nombrado, no pudo ser salvado de los dichos ácidos de fans y de la crítica especializada. El sonido de la batería de Lars Ülrich y la poca variación sonora en los temas se unió con la salida del bajista Jason Newsted.

Death Magnetic es el nombre del nuevo disco de esta agrupación que fue lanzado el 12 de septiembre. Es el encargado de que nuevamente los seguidores de estos prodigios vuelvan a sacudir sus cabezas al compás de la voz de James y de los riffs de Hammett y Hetfield. Hasta el mismísimo Mike Portnoy, considerado uno de los mejores bateristas del mundo y miembro del virtuoso grupo de rock progresivo Dream Theater, señaló abiertamente a través de internet que “Death Magnetic” es sin lugar a dudas el mejor álbum de Metallica en 20 años. Éste es el CD que he estado esperando que hagan desde And Justice For All (1988). Y los alabo por hacer el primer instrumental de verdad desde To Life Is To Die”.

Los primeros temas hacen recordar el sonido visceral de Metallica. “The end of the line” evoca a la joya de And Justice For All. “The day that never comes” se escucha como un bombazo pues provoca un gran cambio sonoro que recuerda al disco Black, llegando a ser más digerible para cualquiera.

“All nightmare long” puede ser la canción más metal del disco a raíz de su intro instrumental que llega como sorpresa después de escuchar los tracks anteriores que están en otra tónica.


La que debería ser una buenísima composición es “Unforgiven III” pero no llega a cumplir con las expectativas de lo que debería ser una continuación. El inicio con un teclado es agradable pero innecesario, sobre todo cuando se deja de lado todos los minutos restantes. A pesar de esto, la voz de James se luce pero queda la sensación de no ser más que una pretensión.


Con “The Judas Kiss”, “Suicide&Redemption” y “My Apocalypse” se vuelve al sonido del principio, lo que demuestra la buena mano del productor de Rick Rubin al saber ordenar un disco que realmente llega a ser una unidad.


Death Magnetic podría ser considerado como el hijo de Master of Puppets (1986) donde había un sonido metálico virtuoso pero a la vez armónico.
En ningún caso llega a superarlo pero vale la pena escucharlo y hasta gastar unos cuantos pesos para adquirirlo.




Grace: ETERNAL LIFE TO JEFF


Jeff Buckley, hijo del cantante Tim Buckley, es considerado uno de los grandes exponentes de la música de los 90, a pesar de su corta carrera dentro de la que se encuentra su álbum Grace de 1994. Si bien en Chile sus creaciones y covers no han llegado a ser tan conocidos, vale la pena escucharlo. Es que algunos, incluso, dicen que su voz superó a la de Freddy Mercury, vocalista de Queen.

Grace fue lo que lo catapultó a la fama en Estados Unidos, antes de morir ahogado en el río Wolf de Tenessee en 1997. Su muerte se convirtió en un enigma por ser extraña y, posteriormente, su vida en la leyenda de un hombre que se ahogó escuchando Whole Lotta Love de Led Zeppelin y cuyo cadáver reconocieron gracias a su piercing en el ombligo.

Mojo Pin es el primer corte del disco. No da cuenta de un típico sonido noventero. Es más, recuerda al rock clásico de los setenta pero con una lírica cercana a los artistas de la época. La frase “The rhythms fall slow” (“Los ritmos caen despacio”) da cuenta de la tranquilidad del principio para luego terminar en una explosión un tanto orgásmica.

Grace, canción que le da el nombre al disco, despliega las tonalidades diversas de Jeff, sacando a relucir una voz que pareciera no tener límites gracias a la distorsión de esta y su potencia. Es un caos bello que no deja de poseer lo oscuro y podrido del rock.

El respiro llega gracias a Last Goodbye, una canción más digerible y simplemente hermosa que da la sensación de estar esperando algo positivo a pesar de su lírica que trata sobre un adiós.

Lilac Wine, canción escrita por James Shelton en 1950, habla por sí sola. Sobre todo a través de la voz sufriente de Buckley que hace de ella una buena versión de las tantas ya existentes.

Una pesadilla que parece real es relatada a través de So Real. Parece un tránsito entre estar despierto o dormido, dando la sensación de una inestabilidad emocional.

Hallelujah, canción original de Leonard Cohen, es la introspección de la que Buckley participa. La canción es lúcida. A diferencia de Mojo Pin, pareciera ser una interpretación más pensada. El sonido, comparándolo con el de So Real, es mucho más sublime y lejano a los riffs de las guitarras grunge.

Lover, you should´ve come over deja sin palabras. Esto es por la sencilla razón de que marca la diferencia entre una persona que como intérprete es bueno y una persona con una voz exquisita pero que logra transmitirlo todo, hasta algo sexual. Es en esta canción en donde sí es obvia la presencia del talento visceral de Jeff.

Finalmente, está Dream Brother, una gran obra maestra que mezcla a los setenta y los noventa, dando una sensación de misticismo y humedad que puede ligarse con la forma de morir del artista, gracias a la frase “Asleep in the sand with the ocean washing over” (“Dormido en la arena con el océano encima”).

En cuanto al ordenamiento de las canciones, no es una unidad. Probablemente eso nunca fue la intención del artista, cuya forma de interpretar y de construir canciones, no era acorde con una época homogénea, pero inolvidable, al igual que su voz bestial y principesca.